Sandra nos espera en la calle, a la entrada del edificio de C., su abuela en Tortosa. Estas visitas a los hogares de quienes cuidan a personas mayores son cruciales para entender su día a día.
A., la madre de Sandra, es la principal cuidadora de C. A pesar de tener más hermanos, su trabajo como cuidadora profesional a domicilio la ha llevado a asumir la mayor parte de la atención de su madre, quien tiene una alta dependencia. Sabemos que, a veces, las redes de apoyo familiar se desdibujan, y la fuerte conexión entre la cuidadora principal y la persona cuidada puede, sin querer, dificultar la entrada de ayuda externa.
C., contaba con el apoyo de una cuidadora para aliviar la carga de su hija A. Sin embargo, un ingreso hospitalario por síndrome confusional agudo complicó la situación. A. se sintió desbordada, y aunque Sandra deseaba ayudar, su madre prefería seguir adelante sola. Sandra, con sensibilidad, intuía y aceptaba las complejas dinámicas familiares en juego.
Finalmente, con C. de vuelta en casa y A exhausta, aceptó nuestra visita. Sandra tenía grandes esperanzas de que pudiéramos ofrecer una comprensión más amplia del cuidado en solitario a su madre y encontrar su propio espacio en el sistema de apoyo familiar.
Mientras mi compañera Cris evalúa la habitación y el baño, me quedo a solas con A. La escucha activa siempre es un bálsamo para quienes cuidan. Nadie mejor que ella conoce el desgaste del cuidador. Expresa sus temores, la falta de apoyo, su frustración y su agotamiento, ya que de noche también cuida porque comparte habitación con su madre por miedo a que sufra una caída.
Este desahogo la ayuda a reconectar con sus propias necesidades. Trabajamos conjuntamente la herramienta de “Cómo pedir ayuda” para identificar y priorizar todas esas tareas o acciones que podrían ser asumidas por otros miembros de la familia.
A. comparte el gran alivio que siente tras nuestra conversación y se siente más descargada una vez que finalizamos con la herramienta. Juntas, acordamos que podría apoyarse más en Sandra y permitirse espacios de descanso y actividades placenteras para ella y su marido.
Mientras tanto, Cris, tras revisar el entorno de la abuela, sugiere modificaciones sencillas para prevenir caídas y evitar sujeciones; incluso recomienda retirar algunos elementos decorativos para observar si mejora su descanso nocturno.
Tras una valoración y devolución, ellas pudieron iniciar pequeños cambios que impactaron positivamente en la vida de las tres mujeres.
Más allá de enfocarnos en la seguridad y el bienestar de la abuela y aliviar la intensa carga emocional de A, como Care Planner® nos centramos en uno de nuestros pilares:
- Atenuar el rol de cuidadora principal a la vez que ofrecemos espacios de reflexión y de reconstrucción de otros roles olvidados como el de esposa, madre, amiga, trabajadora, etc.
Esta historia demuestra, una vez más, que los cuidados en las familias se establecen de forma desequilibrada y desfragmentada, y que, como decimos en Cuidante:
“Los cuidados no se improvisan, se planifican”.

